El calor aprieta. Tanto que en apenas dos semanas el caudal del río
Campanillas ha bajado drásticamente y ha dejado aislados a unos 4.000 peces en
pequeñas pozas, que estarían condenados a morir asfixiados si no fuese por la
intervención del hombre.
Un grupo de pescadores habitual de la zona se percató del peligro
para los ejemplares de barbo y boga, especies protegidas, que habitan el río, e
inmediatamente lo puso en conocimiento de la Delegación de Medio Ambiente, que a
través de Egmasa y con la ayuda de voluntarios de la Asociación para la
Conservación Piscícola y de los Ecosistemas Acuáticos del Sur (Acpes) organizó
ayer, Día Mundial del Medio Ambiente, una actuación de rescate dentro del
programa Control de Mortandades de la Junta. La propia delegada provincial,
Remedios Martel, supervisó los trabajos que podrían continuar el lunes si fuese
necesario.
Presa de Casasola
Las lluvias de este año y el abundante caudal que llevaba el río
hicieron que los peces se confiaran y se adentrasen más que en otras ocasiones
para poner sus huevos. «Ahora, ha bajado el nivel y muchos ya no pueden volver a
la presa de Casasola por sus propios medios, y si los dejamos aquí morirían de
anoxia», apuntó la delegada para matizar que se trata de intervenciones
habituales en época estival ante la sequía de muchos ríos malagueños.
Dentro de dos semanas, el río Campanillas prácticamente ya no
tendrá caudal en la zona, por lo que la intervención ha sido considerada como
vital para Medio Ambiente. Según explicó el jefe del departamento de
Geodiversidad y Biodiversidad de la Delegación, Manuel Moreno, los voluntarios y
el personal de Egmasa actuaron ayer a lo largo de un kilómetro del río
Campanillas donde se habían formado entre ocho y diez pozas de distinto tamaño y
profundidad. En cada una quedaron atrapados unos 500 alevines y aproximadamente
50 ejemplares adultos, principalmente de barbo aunque también de boga, por lo
que, grosso modo, se han podido salvar unos 4.000 peces, en su mayoría alevines.
Con pesca eléctrica y sabares han sido capturados y trasladados en cubos hasta
la presa de Casasola, donde tendrán ahora toda una vida por delante.